martes, 2 de octubre de 2007

El Aguará - Guazú

Pocos animales nativos tienen tanta mala fortuna en su fama como el pobre aguará-guazú (Chrysocyon brachyurus), o lobo de crin: asociado con el diablo por los guaraníes y considerado lobizón por tradiciones traídas de españa con la conquista, este animal manso y tímido fue víctima de matanzas que practicamente diezmaron su número hasta volverlo crítico.
Cuentan los guaraníes que el aguará-guazú no era otro más que el mismísimo diablo (Añá), quien en una ocasión iba acompañando a un venado, a quien el yaguareté le había puesto el ojo para devorarlo. Para lograr su objetivo, simuló asociarse con los tres para turnarse y conseguir comida. El primer día, salió de caza el aguará-guazú y al volver sólo consiguió un ratón, ante el enojo del yaguareté. El cazador le retrucó que si no estaba conforme, fuera él quien saliera de caza, aunque nada conseguiría con esas patas tan cortas. Furioso, el yaguareté se abalanzó sobre el aguará, pero este huyó con el venado. Como ambos eran buenos corredores, se mantuvieron alejados del felino, pero al llegar a un río, el aguará guazú pudo cruzar bien, pero el venado no lo consiguió, siendo atrapado por el yaguareté. En ese preciso momento, se manifiesta la verdadera esencia del aguará y convierte en piedra al venado, justo cuando el yaguareté estaba por hicarle el diente. Furioso por este hecho, el "tigre", arroja con todas sus fuerzas al venado convertido en piedra contra el aguará, en un intento por alcanzarlo en la otra orilla. Pero en el aire, éste vuelve a convertir al venado en su forma original, y asi ambos pueden escapar dejando al yaguareté furioso y hambriento.

Distinta era la visión que tenían los tobas: para ellos, el aguará-guazú es el Padre de los Perros. Hace mucho tiempo atrás, el aguará-guazú y el gato montés se asociaron para conseguir y compartir el alimento. Más tarde, también se les asoció el lagarto overo, pero éste se comportó de manera egoísta y el gato montés empezó a discutir con él, a pesar de los intentos del aguará por apaciguar los ánimos. Al final, el lagarto overo termina matando al gato montés y en venganza, el aguará dispuso que los perros siempre persigan y maten a los lagartos overos.
FOTOGRAFÍA: Rogerio Cunha

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